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Rosario, Santa Fe, Argentina
Soy sociable, optimista, ejercí 32 años la medicina, formé el Servicio de Gastroenterología Pediátrica del Hospital de Niños V{ictor J,Vilela, desde muy chica toco mi adorado piano, sobre todo música barroca y clásica, y en tango especialmente Piazzolla. Me encanta la naturaleza, captar los cambios, que se producen a cada instante, y fotografiarlos. Me gustan mucho los animales y los pájaros, adoro sentirlos cantar. Lo más importante para mí con respecto a la gente es que sea BUENA, EDUCADA, RESPETUOSA. Adoro mis hijas, que viven en Londres y España, a mi nieto, (Londres), que ya tiene 14 años. A pesar de que mis dos esposos fallecieron, me siento una mujer feliz. Ya superado el duelo por ambos, por supuesto. Tengo además una hijastrita que quiero mucho y vive en Buenos Aires, con la que estoy siempre comunicada. En fin, amo la vida. Ah, y me gusta mucho la política, sobre todo la nacional. Le debo mucho a mis padres, que ya fallecieron.

domingo, 23 de agosto de 2020

MIS ANGINAS



 

La abuelita Angustias, la andaluza,  tenía  una pinta de mora que mataba, pero yo la recuerdo fundamentalmente por las fotos, porque ella murió cuando yo tenía más o menos 4 años, muy joven, a los 61 años.

Después de que falleció, nos fuimos a vivir a su casa, donde vivía el abuelo José (andaluz también él, pero no moro).

Yo comencé a ser muy perseguida por las anginas pultáceas, en una época donde aunque ya existía la penicilina, se la reservaba para casos gravísimos.

Me trataban poniéndome en la garganta hisopos con sulfatiazol!!!

10 o más días con fiebre, sin comer un bocado. (O casi)

Mi mamá, en el afán de que yo comiera algo,  nos sentaba a mi hermana y a mí en una mesita color verde chiquita, pero nada!!!

Y tras que era una flacucha…

Finalmente el médico decidió operar mis amígdalas.

Nunca me voy a olvidar.

Al Sanatorio me llevó mi papá, prometiéndome que si me portaba bien me iba a regalar una cadenita de oro con una crucecita que yo le había pedido.

Cuando llegamos al Sanatorio,  me hizo sentar en la sala de espera y fue a hacer los trámites previos a la cirugía.

En eso, para mi desesperación, pasó una enfermera con lo que creo que era un frasco de suero.

Juro, juro que yo lo veía gigante!!!

Me aterroricé.

Empecé a dar alaridos y a correr buscando a mi papá.

Ya exagerada desde chica!!!

Eso no fue nada.

Me entraron a quirófano.

En aquellas épocas, se imaginan, año 1950 o 1951.

Nada de preparar a los niños para enfrentar una situación de estrés, nada de contemplaciones!!!

Me amarraron porque yo gritaba como poseída, me acuerdo perfecto que yo decía “Saquen a la enfermera de mis rodillas!!!”

Y por supuesto que no tenía a ninguna enfermera sobre las rodillas, me habrían sujetado, no sé cómo.

Y se me aparece la mascarilla para que inhale el gas anestésico!!!

Horrible!!!

Una escena de terror.

Finalmente salí de la operación , mi papá me llevó a casa, me compraron helado, como se acostumbraba a darle a los operados de amígdalas, y me regalaron la cadenita deseada.

Obviamente, no volví a padecer mis anginas, pero nunca, nunca olvidé!! 

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